PISA 2025: ¿avanzamos o aprendimos a mirar el dato que más nos conviene?

PISA 2025: ¿avanzamos o aprendimos a mirar el dato que más nos conviene?

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Por Alejandro Candelario

Los resultados de PISA 2025 ya están sobre la mesa. Y, como ocurre cada vez que se publica una evaluación internacional, comenzaron inmediatamente las interpretaciones, los titulares y las explicaciones.

El Ministerio de Educación de la República Dominicana presentó los resultados bajo un mensaje optimista: “Educación RD avanza en Ciencias, equidad, acceso y aprendizaje”. Para sustentar esa afirmación, destacó principalmente la evolución registrada desde 2018: Ciencias pasó de 336 a 361 puntos; Matemáticas, de 334 a 339; y Lectura, de 342 a 346.

Los datos son ciertos. El problema no está en los números. La discusión comienza cuando preguntamos qué números escogemos para contar la historia.

Y ahí surge una pregunta que el sistema educativo dominicano debería estar dispuesto a responder:

¿Por qué, al presentar PISA 2025, enfatizamos la comparación con 2018 y no colocamos en primer plano la comparación con 2022, que es la evaluación inmediatamente anterior?

Porque cuando hacemos esa comparación, la historia cambia.

2025 frente a 2022

La conclusión de la OCDE es bastante clara: los resultados promedio de República Dominicana en 2025 fueron aproximadamente iguales a los de 2022 en Matemáticas, Lectura y Ciencias. Es decir, estadísticamente no se produjo una mejoría significativa entre ambas evaluaciones.

En Matemáticas obtuvimos 339 puntos en 2025, exactamente el mismo nivel registrado en 2022. En Ciencias alcanzamos 361 puntos, prácticamente sin variación frente a la medición anterior. Y en Lectura pasamos de aproximadamente 352 a 346 puntos, una reducción de seis puntos que la OCDE señala que no es estadísticamente significativa.

Por tanto, debemos ser rigurosos. No sería correcto afirmar que República Dominicana retrocedió significativamente entre 2022 y 2025. Pero tampoco lo sería presentar esos resultados como evidencia de que continuamos avanzando en los aprendizajes.

Nos mantuvimos.

Porque cuando se está lejos de la meta, mantenerse en el mismo lugar no es avanzar.

Reconocer lo bueno también es necesario

Una crítica responsable no puede seleccionar solamente los datos negativos.

Hay elementos positivos. La estabilidad dominicana ocurrió mientras el desempeño promedio de la OCDE cayó entre 2022 y 2025: nueve puntos en Matemáticas, catorce en Lectura y tres en Ciencias.

Eso significa que mientras numerosos sistemas educativos continuaron experimentando dificultades, República Dominicana consiguió sostener sus resultados.

También existe una evolución importante cuando ampliamos el horizonte histórico. La OCDE confirma que en Matemáticas y Ciencias los resultados dominicanos de 2025 permanecen por encima de los obtenidos en 2015 y 2018. En Ciencias, particularmente, el progreso acumulado merece ser reconocido.

El propio MINERD informa que la proporción de estudiantes que alcanza al menos el nivel básico de competencias en Ciencias pasó de alrededor del 15 % en 2018 al 26 % en 2025.

Eso es progreso. Y precisamente porque existen avances reales que podemos reconocer, no necesitamos exagerar aquellos que los datos no demuestran.

El problema no es comparar con 2018

Comparar 2025 con 2018 es perfectamente válido. Lo cuestionable sería utilizar exclusivamente esa comparación para producir en la ciudadanía la impresión de que los aprendizajes continúan creciendo de manera sostenida.

Una evaluación como PISA admite distintas miradas. Necesitamos observar el largo plazo para conocer nuestra trayectoria, pero también debemos comparar cada medición con la inmediatamente anterior para saber qué está ocurriendo ahora.

Y desde esa perspectiva, PISA 2025 nos envía una advertencia: el impulso observado anteriormente parece haberse detenido.

Eso debería preocuparnos mucho más que nuestra posición en cualquier ranking.

Porque el propósito de evaluar no puede ser encontrar el punto de comparación que produzca el titular más conveniente. Debe ser descubrir dónde estamos para decidir hacia dónde debemos ir.

Seguimos muy lejos

Hay otro dato que no puede desaparecer detrás de ninguna narrativa.

Los estudiantes dominicanos continúan obteniendo resultados inferiores al promedio de la OCDE en Matemáticas, Lectura y Ciencias. Además, una proporción menor de nuestros estudiantes alcanza el nivel mínimo de competencia en las tres áreas en comparación con el promedio de los países de esa organización.

Esto debería llevarnos a superar una discusión que durante demasiado tiempo ha estado concentrada en quién tiene la culpa.

PISA no debe utilizarse para atacar al maestro cuando los resultados son negativos ni para construir propaganda institucional cuando aparece algún indicador favorable.

PISA debe servir para tomar decisiones.

La pregunta no debería ser quién queda bien después de la publicación. La pregunta debería ser: ¿Qué vamos a hacer diferente mañana en las escuelas dominicanas como consecuencia de lo que PISA acaba de decirnos?

Hay señales que merecen atención

Existe incluso un hallazgo de PISA 2025 que debería encender algunas alarmas.

La OCDE señala que entre 2022 y 2025 aumentó la brecha entre el 10 % de estudiantes dominicanos con mejores resultados y el 10 % con resultados más bajos en Matemáticas y Ciencias. En Lectura, esa diferencia no cambió significativamente.

Esto plantea una discusión todavía más profunda.

No basta con mejorar el promedio nacional. Necesitamos saber quiénes están aprendiendo y quiénes se están quedando atrás.

Porque un sistema educativo puede mejorar sus indicadores mientras mantiene dentro de sus aulas grupos importantes de estudiantes incapaces de desarrollar las competencias fundamentales que necesitarán para desenvolverse en la sociedad.

La calidad sin equidad no puede ser nuestra meta.

De los resultados a las aulas

El MINERD también ha destacado un hallazgo interesante: los estudiantes que mantuvieron asistencia regular antes de la evaluación obtuvieron mejores resultados, particularmente en Ciencias. El Ministerio informa, además, que durante el año escolar 2024-2025 las regionales educativas registraron un promedio de 18.9 días de docencia perdidos.

Proteger el tiempo de enseñanza es importante. Pero tampoco podemos reducir la calidad educativa simplemente a contar días y horas.

No solamente importa cuánto tiempo permanece un estudiante dentro de la escuela. Importa qué ocurre durante ese tiempo.

Podemos cumplir 190, 200 o más días de clases y continuar obteniendo resultados insuficientes si nuestros estudiantes no comprenden lo que leen, no desarrollan razonamiento matemático, no investigan, no experimentan y no aprenden a resolver problemas.

Necesitamos discutir metodologías. Necesitamos acompañamiento docente. Necesitamos fortalecer la formación continua. Necesitamos liderazgo pedagógico en los centros. Necesitamos familias involucradas. Necesitamos infraestructura adecuada.

Y, fundamentalmente, necesitamos que las decisiones educativas tengan continuidad más allá de los cambios de ministros y gobiernos.

PISA no necesita defensores ni detractores

Quizás el mayor aprendizaje de estos resultados sea institucional.

PISA no necesita que defendamos al Gobierno. Tampoco necesita que ataquemos al Gobierno. Necesita que leamos los datos completos.

Si desde 2018 hemos mejorado en determinadas áreas, reconozcámoslo. Si conseguimos mantener nuestros resultados mientras otros países retrocedieron, reconozcámoslo también.

Pero si entre 2022 y 2025 no conseguimos producir una mejoría estadísticamente significativa en ninguna de las tres áreas principales evaluadas, tengamos igualmente la madurez de decirlo.

Eso no debilita al sistema educativo. Al contrario.

Un sistema comienza a fortalecerse cuando tiene la capacidad de mirarse al espejo sin escoger el ángulo que más le favorece.

¿Para qué queremos PISA?

Los resultados de 2025 nos dejan entonces frente a una decisión.

Podemos utilizar PISA para producir titulares, comparar el año que más nos convenga y construir una narrativa tranquilizadora.

O podemos utilizarlo como lo que realmente debe ser: un instrumento para reconocer avances, identificar estancamientos, localizar desigualdades y corregir políticas.

República Dominicana ha demostrado que puede mejorar. La trayectoria desde 2018, particularmente en Ciencias, ofrece evidencia para afirmarlo.

Pero PISA 2025 también nos está diciendo algo que quizás resulte menos cómodo escuchar: mejorar una vez no garantiza seguir mejorando.

Ahora corresponde estudiar qué produjo los avances anteriores, por qué perdieron impulso y qué debemos cambiar para que PISA 2028 encuentre un sistema educativo diferente.

Por eso, después de conocer estos resultados, quizás la pregunta más importante no sea si República Dominicana avanzó o retrocedió.

¿Queremos utilizar PISA para demostrar que estamos mejor o para descubrir qué necesitamos hacer para estar realmente mejor?

La diferencia entre ambas preguntas parece pequeña. Para el futuro de nuestra educación, es enorme.

Porque cuando se está lejos de la meta, mantenerse en el mismo lugar no es avanzar.

Fuentes consultadas

• Organisation for Economic Co-operation and Development (OCDE). PISA 2025 Results: Country Note – Dominican Republic.

• Ministerio de Educación de la República Dominicana (MINERD). “Educación RD avanza en Ciencias, equidad, acceso y aprendizaje, según PISA y UNESCO”.

• OECD GPS Education. Country Profile: Dominican Republic – PISA 2025.

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