A pesar de que han transcurrido tres días desde que el teniente general Derby Guerrier, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Haití, ordenara el estado de alerta máxima, el territorio haitiano aún no registra el inicio de las operaciones ofensivas previstas contra las estructuras criminales. La orden, que buscaba retomar el control de áreas estratégicas, se mantiene en un estado de latencia operativa que genera incertidumbre tanto a nivel interno como en la comunidad internacional.
La exsenadora Edmonde Supplice Beauzile ratificó que, hasta el cierre de este martes, no se ha ejecutado ninguna incursión militar de envergadura contra las pandillas. Este retraso en el despliegue es crítico si se toma en cuenta que estos grupos armados ejercen un control de facto sobre aproximadamente el 80 % del territorio nacional, incluyendo puntos neurálgicos de la capital y rutas de abastecimiento esenciales.
Estado de acuartelamiento y suspensión de libertades militares
Aunque la ofensiva en el terreno no ha comenzado, las disposiciones administrativas dentro del cuerpo castrense se mantienen estrictas. Desde el pasado lunes a las 8:00 de la mañana, la totalidad de los efectivos militares fue convocada a sus respectivos cuarteles bajo el régimen de disponibilidad absoluta. Como parte de esta medida de contingencia, la comandancia suspendió de manera indefinida todos los permisos, licencias y exenciones, asegurando que el pie de fuerza esté listo para un despliegue inmediato.
Sin embargo, la ausencia de movimientos tácticos visibles frente al poderío de las bandas resalta los desafíos logísticos y estratégicos que enfrenta el ejército haitiano en su intento por restaurar el orden constitucional en un país sumido en una profunda crisis de seguridad.
