Santo Domingo.– En las calles del Gran Santo Domingo, los pequeños emprendimientos informales se han convertido en parte del paisaje urbano. Lavaderos improvisados, ventas de ropa en mesas plegables, barberías en esquinas y talleres a cielo abierto son, para muchos dominicanos, la vía de sustento económico y una alternativa para generar ingresos.
Estos negocios, aunque aportan dinamismo a la economía de barrio, también plantean retos para la organización urbana. La ocupación de aceras y espacios públicos genera conflictos con peatones y autoridades municipales, quienes buscan equilibrar la necesidad de ingresos con el ordenamiento de la ciudad.
El fenómeno refleja la resiliencia de los emprendedores dominicanos, pero también la urgencia de políticas que promuevan la formalización y el desarrollo sostenible de este sector.
