Definitivamente somos de quien nos escucha.

Definitivamente somos de quien nos escucha.

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De quien nos devuelve las llamadas; al final, somos de aquellas personas que nos quieren con hechos.

He contado mil veces la misma historia a la misma persona y se queda escuchando como si fuera la primera vez, porque así conoce qué te emociona.

¿A quién estás dejando que te escuche? ¿Quién es tu escucha en tu vida? Esa persona que se queda hasta el amanecer contando historias.

Dios, hablo tanto que, si me quedo callada, me salen subtítulos; al final, soy periodista.

Recuerdo con tanto cariño a Erico Jiménez, quien vio en mí ese potencial, yo siendo una niña, y me dio la oportunidad de hablar en los medios siendo aún muy joven.

Soy de mis amigos, con quienes duro horas muertas hablando de la fórmula del agua tibia, o de qué fue primero, el huevo o la gallina, o de cuál es el nuevo proyecto en el que estoy involucrada; o, por ejemplo, de aquellos que celebran mi falso cumpleaños mil veces en un año.

Esta mañana conversaba con una amiga y le decía: definitivamente somos de quien nos escucha, de quien te ve con cara triste y te pregunta: “¿Cómo te sientes?”, o simplemente te llama para saber de ti.

O ayer, por ejemplo, cuando Dios te sorprende y te llaman y te dicen: “Tengo un aguacate para ti”; o mi amiga la doctora, que me ve con cara triste y me dice: “Sabes, te compré pastel de chocolate para que te sientas mejor”; o mi vecina, que me dice: “Cuando era pequeña, cuando tenía un mal día, mi mamá me llevaba a comer helados”, y me lleva.

Pero somos definitivamente de quien sabe qué te hiere y no lo repite más, de quien te hace sentir que eres fácil de querer.

De quien te dice “no te rindas”, de quien no siente que hablar de lo mismo cansa, porque puede ver la bondad de tu corazón, de quien puede ver tu dolor detrás de tu enojo.

Somos de quien nos escucha y presta atención.

Dios siempre encuentra la forma de demostrarnos amor, de demostrar que hay personas que siempre se interesan por uno. Dios sí que sabe. Gracias a mis amigos porque me escuchan; a mi hermana, que está ahí siempre dispuesta a escuchar las mismas tonterías mil veces.

Ya me había dado cuenta de lo mucho que puedo hablar, pero, sobre todo, de hablar de lo que me duele tantas veces, o de lo que me emociona.

¿Realmente estamos escuchando a quienes amamos o vamos en automático, pensando que todo está dicho en un escaso meme de internet?

Amo la vida antigua, los amores antiguos: flores, caminatas, poemas. Cómo olvidar a Bécquer, las golondrinas o el Poema 20 de Neruda. Al final, me declaro romántica y sensible.

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