¿Infección o alergia ocular? Expertos explican cómo diferenciar los síntomas y cuidar la visión

¿Infección o alergia ocular? Expertos explican cómo diferenciar los síntomas y cuidar la visión

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Con la llegada de la primavera, las consultas oftalmológicas registran un aumento significativo de pacientes con molestias oculares. Sin embargo, no todo picor es sinónimo de alergia. El doctor Héctor Fariña, jefe de Oftalmología de la Policlínica Gipuzkoa, destaca que el signo determinante para diferenciar una infección de un proceso alérgico es la naturaleza de la secreción. Mientras que la alergia se manifiesta principalmente a través de un picor intenso y simétrico en ambos ojos, las conjuntivitis infecciosas (ya sean víricas o bacterianas) se caracterizan por una secreción abundante que provoca la formación de legañas y el característico "ojo pegado" al despertar.

La prevalencia de las alergias oculares es notable, afectando hasta al 40% de la población en algunas regiones. Los desencadenantes suelen ser el polen, los ácaros, el polvo o incluso componentes de ciertos cosméticos. Por otro lado, el especialista advierte que otros síntomas como el lagrimeo constante y la fotofobia pueden estar vinculados a la sequedad ocular, una condición que afecta a un tercio de la población debido al uso intensivo de pantallas y dispositivos digitales.

Tratamientos específicos y la importancia de la prevención

El abordaje médico varía drásticamente según el diagnóstico. Para la sequedad ocular, el uso de lágrimas artificiales es la medida primaria. En el caso de las alergias, se requiere el uso de colirios antihistamínicos y, en situaciones de mayor severidad, corticoides bajo estricta vigilancia médica. Por el contrario, si se confirma una infección bacteriana, el tratamiento indispensable consiste en antibióticos tópicos. El doctor Fariña enfatiza que automedicarse puede ser contraproducente, ya que los síntomas suelen solaparse.

Además del tratamiento farmacológico, la prevención juega un rol vital. Mantener una higiene rigurosa, asegurar una hidratación ocular constante, parpadear con frecuencia frente a monitores y reducir la exposición a alérgenos ambientales son hábitos esenciales. Asimismo, una dieta equilibrada rica en vitaminas, antioxidantes y ácidos grasos es fundamental para proteger la retina y garantizar el buen funcionamiento del sistema visual a largo plazo, evitando así complicaciones que terminen en visitas de urgencia.

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